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Hay una forma de hacer política que consiste en señalar al más débil cuando no se quiere hablar de lo que de verdad falla. Eso es lo que llevan meses haciendo el Partido Popular y la cúpula de la patronal con el llamado "problema del absentismo laboral". Alberto Núñez Feijóo lo llamó "un cáncer que no podemos pagar" y cifró su coste en más de 30.000 millones de euros. Antonio Garamendi, presidente de CEOE, reclama que sea la Seguridad Social quien pague desde el primer día las bajas médicas y las sustituciones, para "aliviar" a las empresas.
Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
Por Alejandro A. Tagliavini
Por Alejandro A. Tagliavini
Después de una campaña para la historia del fútbol, en la que ambos equipos demostraron tener gran juego, profesionalismo, coraje y resiliencia, la selección de fútbol de España triunfó sobre la Argentina y ahora es campeona mundial por segunda vez en su historia, la primera fue en el año 2010.
Cuando escuchas la frase «cáncer de próstata metastásico en estado IV», no valoras bien su significado, pero algo dentro de ti se paraliza. Después no puedes evitar reflexionar y darle vueltas a los números cuando te dicen que «la tasa de supervivencia relativa a los cinco años es del 37%».
Durante la última legislatura la sanidad pública se ha convertido en el asunto que más moviliza a la ciudadanía de Castilla y León. Es la conclusión que se desprende de cada manifestación multitudinaria en Valladolid, de las distintas movilizaciones en las provincias y en las comarcas, de cada informe sindical y de cada balance trimestral de listas de espera que publica la propia Junta de Castilla y León. En los últimos cinco años, la comunidad ha visto cómo la atención primaria rural se adelgazaba, cómo los conciertos con la sanidad privada se disparaban y cómo miles de personas salían a la calle, una y otra vez, para reclamar lo que debería estar garantizado desde hace décadas: un sistema sanitario público, universal y de calidad.
Por Alejandro A. Tagliavini*
Por Alejandro A. Tagliavini
Antes que nada, y para que se queden tranquilos, aclaro que el "pulmón del planeta" son los océanos, no los árboles, ya que generan entre el 50 y el 90% -según diferentes expertos- del oxígeno global gracias al fitoplancton marino.
Por Alejandro A. Tagliavini
Por Alejandro A. Tagliavini
Desde niños nos han hecho creer que la máxima autoridad en una nación es el Estado, los políticos. Nos lo han inculcado desde que tenemos cuatro o cinco años en la escuela, esa escuela que, precisamente, responde a “programas de estudio” impuestos por los políticos y burócratas. Y, por si esto no fuera suficiente, luego utilizan los medios, recursos e influencias del Estado para intentar tapar las voces que los contradicen, como ocurre en la España de Pedro Sánchez
Que nuestra democracia, que hasta hace poco pensábamos consolidada, está en peligro, es ya un hecho incuestionable.
Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, ha criticado al PSOE, afirmando que está "muerto de miedo" y no está legitimado para gestionar el dinero público. En un discurso en Castellón, destacó la situación crítica del gobierno actual, con altos cargos bajo sospecha y una falta de dirección clara. Feijóo exigió que el PSOE se aleje del manejo de las finanzas de los españoles y denunció la incapacidad del gobierno para afrontar problemas como la regularización masiva de inmigrantes. Además, propuso modernizar las diputaciones y mejorar la gestión local para atender mejor a los ciudadanos.
Hay fechas que deberían pesar más de lo que pesan. El 26 de febrero de 1976 España abandonó el Sáhara Occidental y, con él, a decenas de miles de personas que hasta ese momento habían sido, jurídicamente, tan españolas como cualquiera nacido en Madrid o en Cádiz. Tenían DNI español. Estaban censadas. Habían nacido en una provincia del Estado. Y de un día para otro, sin que nadie les preguntara, dejaron de tener un país. Cincuenta años después, el Congreso está a punto de reconocer, a medias, con matices y con demasiada lentitud, lo que nunca debió necesitar reconocimiento: que esa gente es, por derecho, española.
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