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Prostituidas

La víctima -de nacionalidad rumana- llegó a España con la promesa de un trabajo digno para luego ser obligada, mediante el uso de la violencia física, a ejercer la prostitución para saldar la deuda contraída con el grupo criminal. Fruto de las relaciones sexuales a las que era forzada, la mujer dio a luz un bebé que fue utilizado por el grupo para extorsionar a clientes habituales por sumas de hasta 25.000 euros.

Las víctimas eran captadas en su país de origen aprovechando su precaria situación económica y con la promesa de una vida mejor en el continente europeo. Las mujeres eran obligadas a ejercer la prostitución bajo amenazas y coacciones y vivían sometidas a un juramento vudú-juju por el que se comprometían a pagar la deuda contraída por venir a España y a no denunciar a sus explotadores ante la policía.
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