Según la cuarta edición del Barómetro de Calidad de la Democracia del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada en junio de 2026, el 80,8% de la ciudadanía sigue prefiriendo la democracia frente a cualquier otra forma de gobierno, y sólo un 8,8% aceptaría un régimen autoritario en determinadas circunstancias. El sistema democrático como modelo goza de buena salud, aunque en la práctica los datos señalan otras cosas.
Desde hace años se viene afirmando que asistimos a una ola reaccionaria a escala mundial que hace inevitable que todos los países democráticos acaben siendo “conquistados” por la extrema derecha. Esta idea va calando en la opinión pública, también gracias a la opinión publicada, como si fuera un destino en ocasiones inexorable y en ocasiones deseable.
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha denunciado que el debate migratorio está siendo manipulado por la extrema derecha a través de bulos y un lenguaje deshumanizador. En un evento en Zaragoza, Rego subrayó la importancia de defender los derechos de todos los niños, independientemente de su origen, y criticó el uso del término ‘mena’ como una herramienta de exclusión. La ministra hizo un llamado a todas las administraciones para que se comprometan a dotar de recursos a los servicios públicos que apoyan a la infancia.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha declarado que los grupos racistas y xenófobos de extrema derecha serán considerados "objetivos prioritarios" para análisis e investigación por parte de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Esta medida se enmarca dentro del III Plan de Acción de Lucha contra los Delitos de Odio 2024-2028, con el objetivo de combatir discursos de odio y prevenir amenazas a la convivencia social. Grande-Marlaska enfatizó la necesidad de actuar contra la normalización del odio y defendió la importancia de denunciar ataques a los valores democráticos. Además, se reforzarán las capacidades de monitorización online para detectar contenidos que inciten a la violencia.
Ha pasado el super domingo electoral en Europa con una sensación más amarga que dulce, aunque con algo de alivio una vez superado el susto de Rumanía.
Hemos salido de la reciente tragedia de las inundaciones de Valencia con un ambiente tenebroso, oscuro y sin apenas darnos tiempo para reponernos nos hemos encontrado de sopetón con las elecciones de EE.UU. y la victoria de Donald Trump ha sido contundente, mucho más de lo que los más pesimistas de entre nosotros preveían.
Las Elecciones al Parlamento Europeo del pasado 9 de junio contaban con varios elementos a considerar, tanto por la campaña electoral que, como de costumbre, se desarrolló en clave nacional; como en relación a los resultados y la correlación de fuerzas que éstos generasen ante un cierre de ciclo electoral.
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Las elecciones desarrolladas en el Lander alemán de Sajonia Anhalt el pasado domingo, con el triunfo aplastante de la extrema derecha de Alternativa por Alemania, AfD, han conmocionado a la UE y especialmente a las gentes sensatas, cada vez me temo que menos, de nuestro país.
He decidido poner el título entre interrogantes para dar una oportunidad a la esperanza, aunque en el momento de escribirlo no observo demasiadas posibilidades para ello.
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha destacado que las movilizaciones contra el genocidio en Gaza han convertido el dolor en dignidad colectiva. Durante su intervención en la Conferencia Más Allá del Crecimiento, Rego criticó el capitalismo actual y llamó a la acción política basada en la audacia y el amor. Subrayó la necesidad de transformar la empatía en acción y construir un modelo alternativo ante la creciente desigualdad y explotación. Además, enfatizó que es esencial soñar con un nuevo mundo y no conformarse con el statu quo.
Se afanan, de un lado y otro, en extender el mantra del "todos son iguales", algo que puede suponer un combustible muy eficaz para quienes pretenden que todo arda. Los de la derecha posesiva porque nunca aceptaron ni aceptarán las reglas de una democracia madura como la nuestra. Los de aquel momento de “el cambio”, desde la nostalgia, se sienten dueños de un pasado marcado por un bipartidismo imperfecto y conveniente, que acomodaba casos de corrupción y "tranquilidad" entre los poderosos.
Esta vez va en serio, el peligro es real, muy real y no podemos ni debemos pasar de él. ¡Hay que reaccionar ya!
Con un Partido Popular echado al monte, desbocado, una extrema derecha, incluida la que convive en el seno de ese partido, que sigue sin ningún pudor lanzando bulos, mentiras, difamaciones, e insultos, con algunos estamentos de la justicia haciéndoles el juego sucio y ante la inacción de una izquierda perpleja, en algún momento se debe gritar alto y fuerte; ¡basta ya!
Hemos tenido este domingo la primera parte de las elecciones legislativas en Francia. Con la incertidumbre de si la extrema derecha de Marinne Le Pen, su Agrupación Nacional, sería capaz de arrasar según indicaban las encuestas.
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