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Preocupación de MSF ante la situación de la población en Yemen
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Preocupación de MSF ante la situación de la población en Yemen

viernes 26 de octubre de 2018, 12:25h

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Médicos Sin Fronteras alerta de que, tras tres años de conflicto, el número de niños con desnutrición grave está aumentando considerablemente. Sin embargo, no hay datos de calidad disponibles para declarar una hambruna inminente.

Después de tres años de conflicto, el número de niños con desnutrición grave que ha atendido Médicos Sin Fronteras en ciertas áreas de Yemen está aumentando, una señal más del deterioro de las condiciones de vida de la población. “A menudo, estos niños han sido destetados demasiado pronto o tienen otras enfermedades, que son las que les han causado la desnutrición”, ha dicho Caroline Séguin, responsable de Operaciones en Yemen de la organización.

“Tratamos a estos niños con alimentos terapéuticos altamente nutritivos y con medicamentos cuando son casos complicados con otras enfermedades”. No obstante, sigue habiendo lugares en Yemen donde las tasas de desnutrición aguda severa está aumentando. “Según los datos recopilados en nuestro hospital en Jamer, este es el caso en la gobernación de Amran. Por ejemplo, en septiembre de 2018, ingresamos al doble de niños con desnutrición en comparación con el mismo mes del año pasado”, añade Séguin.

Desconocimiento de la situación general

La situación difiere según la región, y es que es imposible que los actores humanitarios que trabajan en Yemen tengan una visión general de la desnutrición en todo el país.

“Las agencias de las Naciones Unidas y las ONG no pueden implementar las encuestas de nutrición a gran escala que proporcionarían la información necesaria, porque muchas áreas del país son inaccesibles debido a los ataques aéreos y los combates, pero también por razones administrativas y políticas, ya que el acceso a estas regiones depende de la buena voluntad de las autoridades locales”, explica.

Por lo tanto, no hay datos de calidad disponibles para declarar que la hambruna es inminente, al igual que tampoco se conoce el número real de víctimas mortales, que desde agosto de 2016 se ha mantenido sin cambios en 10.000, un número que se repite sin cesar.

“La realidad está totalmente distorsionada en Yemen, en parte porque el acceso de los periodistas al país está estrictamente controlado por las autoridades y, por lo tanto, muy limitado. Los medios de comunicación simplemente hacen eco difícil de verificar hechos y cifras”, apunta Séguin.

No hay focos registrados de hambruna

La definición de hambruna sostiene que grandes franjas de una población, tanto adultos como niños, se ven afectadas, con personas que mueren por una combinación de falta de alimentos y enfermedades provocadas por esta deficiencia. Las tasas muy altas de desnutrición aguda grave van acompañadas de una mortalidad extrema, como fue el caso, por ejemplo, en 1984 en Etiopía, en 1998 en los territorios que actualmente conforman Sudán del Sur en 1998 y en 2002 en Angola y, más recientemente, en 2016, en zonas remotas del norte de Nigeria.

“Sin embargo, no hemos visto esto en los proyectos en los que tratamos a niños desnutridos en las gobernaciones de Hajja, Ibb, Taiz, Amran y Saada. Además, los datos recopilados en los centros de salud que apoyamos en estas áreas no indican focos de hambruna ni una hambruna inminente”, asegura Séguin.

Alertan también de que la población tiene un acceso muy limitado a los centros de salud, ya que han sido destruidos en la lucha o abandonados por su personal médico, que no cobra desde agosto de 2016.

“Vemos a civiles atrapados por los ataques aéreos masivos, especialmente en el norte del país, y otros que han sido heridos o desplazados por los combates en tierra”, dice Séguin.

Según la información obtenida por el Proyecto de Datos de Yemen, un sistema de recopilación de datos independiente de las partes en el conflicto, casi un tercio de los ataques aéreos realizados desde marzo de 2015 se han dirigido a emplazamientos no militares. “También ha habido más bombardeos de vehículos civiles en 2018 en comparación con el año pasado”, apunta Séguin.

El poder adquisitivo se ha derrumbado, la harina de trigo cuesta casi un 80% más que antes de la guerra y el precio de la gasolina ha subido un 130%. La dinámica social de Yemen permite que algunos de los más vulnerables reciban apoyo de sus comunidades, lo que mitiga los efectos de la escasez de alimentos para al menos algunas familias.

Pero los yemeníes también se están muriendo porque no tienen dinero para pagar el transporte para llegar a las pocas instalaciones de atención médica que aún están abiertas en el país. Estos son algunos de los obstáculos que afronta la gente de Yemen. “MSF estamos haciendo todo lo posible para ayudarlos, a pesar de las enormes limitaciones de seguridad y los problemas de acceso”, concluye Séguin.

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