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Irene Adler Spinelli

Era una noche fría de principios de invierno. Los cristales de la pequeña casa de comidas comenzaban a enturbiarse; las calles comenzaban a quedarse solitarias y se antojaban aún más frías al alma.

Se hizo tarde. Ella lo sabía, se lo habían dicho mil y una veces. Estate atenta, no seas una inconsciente. Siempre pensaba que su familia se preocupaba en exceso.
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