Opinión

¿Qué es la competitividad? Lo dice el deporte del polo

Por Alejandro A. Tagliavini

Alejandro A. Tagliavini | Miércoles 23 de septiembre de 2026
Comencemos por comprender cómo se produce la eficiencia de un sistema económico. Por cierto, solo intentaremos hacer ciencia, no se trata de lo que nos guste o de cuál sea nuestra opinión.

Cuando las personas pueden actuar naturalmente, libremente, buscarán su mayor ganancia, como derivado del principio de supervivencia que manda a cada uno a mejorar su situación de cara a asegurar y fortalecer su futuro.

Entonces, caben dos posibilidades, que tenga éxito en maximizar sus beneficios o que no lo tenga. En cualquier caso, seguirá en su propósito hasta conseguirlo. Si no logra el objetivo en ningún momento -lo que es prácticamente imposible en el orden natural, pero esta es otra discusión- desaparecerá de manera que sobrevivirán solo aquellos que finalmente logren obtener su máxima ganancia, y en la medida en que lo logren.

Y así se produce la eficiencia ya que, inevitablemente, sobrevivirán los que logren maximizar sus beneficios y en tanto lo hagan beneficiándose toda la sociedad que es, precisamente, la sumatoria de todos los sobrevivientes. Insisto en esto, para dejar tranquilos a los que se preocupan por los más débiles: es prácticamente imposible no tener éxito, finalmente, dentro del orden natural, pero esta es otra discusión.

Por su lado la productividad, precisamente, tiene que ver con la facilidad con la que se obtiene la mayor ganancia. Entonces, cuál es el peor obstáculo para la eficiencia. Como vimos, si las personas pueden actuar naturalmente, libremente, finalmente conseguirán maximizar su ganancia.

De modo que, para dañar la productividad deben imponerse externamente -violentamente- regulaciones o leyes a las personas de manera que no puedan desarrollarse naturalmente, espontáneamente. Precisamente, como ya lo definían los griegos (cfr. Aristóteles) la violencia es aquella fuerza que pretende evitar el desarrollo natural. Entonces, cuanta menos violencia, más eficiencia, ergo, mayor productividad.

Por cierto, al contrario de lo que creen los racionalistas, la productividad no es la consecuencia de un diseño teórico previo como podría ser uno de investigación operativa, del método del Camino Crítico (CPM) y la metodología PERT sino a la inversa, es el resultado de prueba y error en tiempo real. Por ello es que los burócratas fallan, ya que no trabajan en tiempo real sino que responden a criterios políticos pre diseñados.

En definitiva, esto explica por qué, en rasgos generales, las economías de los países más libres, esto es, con menor violencia estatal son los más productivos.

Srijaa Chatterjee ha escrito un artículo, “Las economías más competitivas del mundo en 2026”, donde da cuenta del Ranking Mundial de Competitividad 2026 elaborado por el IMD que compara solo 70 economías en cuanto a la eficacia con la que crean condiciones para que las empresas compitan y generen valor a largo plazo.

Singapur ocupa el primer lugar del mundo en 2026 con una puntuación de 100, seguida por Hong Kong y Suiza. Vietnam se une al ranking por primera vez en 2026. Luego Francia aparece en el puesto 36, España 38, Portugal 40, Chile 43, Italia 45, Puerto Rico 52, Argentina 58 con una puntuación de 46.9, Colombia 59, Perú 60, México 62, Brasil 65 y, finalmente en este ránking elaborado por el IMD aparece Venezuela en el puesto 70 con una puntuación de 14,8.

Obviamente los criterios con los que se estima este ránking son discutibles, difíciles de cuantificar con lo que no pueden tomarse como exactos, pero, ciertamente, marcan una tendencia.

Del mismo modo el índice de libertad económica de la Heritage Foundation tiene una carga ideológica, metodológica y de observaciones de campo por lo que tampoco puede tomarse como exacto, pero, también, marcan una tendencia inequívoca. Los países más libres serían Singapur, Suiza, Irlanda, Australia, Taiwán, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Estonia, Países Bajos, en tanto que los EE.UU. están en el puesto 22, España en el 53, Perú 56, Colombia 91, México 92, Argentina 106, Brasil 134, China 154 y Venezuela 174.

Como regla general puede desprenderse de ambos índices que las economías más libres, con menos coacción por parte del monopolio de la violencia estatal, son las más eficientes, las más productivas.

La diferencia de criterios entre ambas mediciones se observa en algunos casos y particularmente en China que sería la 12ava economía más competitiva del mundo según el IMD pero estaría entre las menos libres, en el puesto 154 porque “El uso extensivo de subsidios y controles crediticios… controlado por el Estado sigue socavando la eficiencia y la productividad” según la Heritage.

Ahora, en un artículo titulado “Lecciones del Polo para la Argentina”, The Economist da cuenta de un caso excepcional. El polo se dice que es el deporte de equipo más antiguo del mundo. Se jugó en Persia en el siglo VI a.C. y el juego moderno fue formalizado por oficiales británicos en India y lo trajeron a la Argentina que logró a dominar la escena global de una manera extraordinaria, al punto de que hoy son argentinos 27 de los 30 mejores jugadores del mundo, casi todos los caballos, las mejores escuelas y equipos y la mayoría de las vestimentas e implementos.

Cómo se logró semejante ventaja difícil de encontrar en cualquier otro rubro en el mundo. The Economist da la clave “Menos cinta, más cintas”. Es decir, menos regulaciones coactivas estatales han derivado en más triunfos. “Al mismo tiempo que la economía argentina se desvanece (que se contrajo un 2,5% en febrero, creció un 2,8% en marzo y se contrajo un 1,5% en abril), el mundo del polo parece no inmutarse”, dice The Economist.

Es que el polo y sus caballos nacieron libres en las desoladas pampas argentinas y se mantienen con muy pocas regulaciones estatales lo que, en un círculo virtuoso, provoca que criadores y empresarios inviertan en investigación logrando ser pioneros en la clonación de caballos. A la vez, se produce un flujo constante de inversión extranjera directa.

Como contraejemplo, está Europa. En Francia, por caso, entre otras dificultades, para criar caballos de forma profesional o legal, existe una normativa estricta gestionada principalmente por el Institut Français du Cheval et de l'Équitation (IFCE) a través de su base de datos centralizada, el SIRE. Encareciendo mucho la cría, y manutención de los caballos. Así, muy pocos pueden jugar en un círculo vicioso en el que, al tener poco público son pocos los sponsors y, por tanto, pocos jugadores profesionales.

Aun así, existen clubs, como Saint Mesme y con resultados sorprendentes a nivel europeo llegando a la final del torneo de polo más importante de Europa continental, la Copa de Oro en Sotogrande, pero a un gran costo y lejos, y muy dependiente, del entorno argentino.

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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